domingo, marzo 17, 2013

Kundera sobre el fin de la tragedia


Liberar los grandes conflictos humanos de la ingenua interpretación de la lucha entre el bien y el mal, entenderlos bajo la luz de la tragedia, fue una inmensa hazaña del espíritu; puso en evidencia la fatal relatividad de las verdades humanas; hizo sentir la necesidad de hacer justicia al enemigo. Pero el maniqueísmo moral es invencible: recuerdo una adaptación de Antígona que vi en Praga después de la guerra; al liquidar lo trágico dentro de la tragedia, el autor de la adaptación convirtió a Creonte en un malvado fascista enfrentado a la joven heroína de la libertad.

Las actualizaciones políticas de Antígona estuvieron de moda después de la segunda guerra mundial. Hitler trajo no sólo indecibles horrores a Europa, sino que la expolió de su sentido trágico. Toda la historia política contemporánea pasó desde entonces a ser vista y vivida como una lucha del bien contra el mal. Las guerras, las guerras civiles, las revoluciones, las contrarrevoluciones, las luchas nacionales, las rebeliones y su represión fueron barridas del territorio de lo trágico y expedidas a la autoridad de jueces ávidos de castigo. ¿Se trata de una regresión? ¿O una recaída en la fase pretrágica de la humanidad? Y en tal caso, ¿quién ha ocasionado la regresión? ¿La Historia misma, usurpada por unos criminales? ¿O nuestra manera de entender la Historia? Lo trágico nos ha abandonado; y éste es tal vez nuestro verdadero castigo.

15 comentarios:

Alejandro Gaviria dijo...

No solo en la historia, lo trágico también nos ha abandonado en las discusiones sobre política pública. En Colombia, al menos, la mayoría se niega a aceptar que muchos principios válidos se contradicen, que hay tragedias irremediables y que por lo tanto el Estado no puede convertirse en una suerte de justiciero cósmico que debe remediar todas las tragedias individuales.

En el sector salud, en particular, no hay diagnósticos. Hay fábulas. Todos los problemas, sugieren algunos, se reducen a la lucha eterna entre el bien y el mal.

Sin un sentido de lo trágico, sin una aceptación de las complejidades, es casi imposible tomar buenas decisiones. Las leyes se convierten, entonces, en catálogos de buenas intenciones que no plantean soluciones reales, simplemente enuncian objetivos incompatibles.

Los fabulistas son buenos para los discursos. Pero el cambio social efectivo requiere dejar de lado el maniqueísmo moral y entender los problemas bajo la luz de la tragedia.

Sebastián dijo...

El maniqueísmo es una religión. O por lo menos nació de esa forma. En política, no sobra decirlo, los dogmas son recibidos con los brazos abiertos mientras que el autocuestionamiento y la duda son vistos como una debilidad del carácter.

La demagogia se convierte entonces en un activo de poco riesgo y de rentabilidad elevada. Comprarla, en pocas cantidades puede ser una buena idea. Intentar hacer política efectiva sin demagogia es como querer ser cura sin persignarse.

A Alejandro, aunque no le guste, quizás le toque encontrar su propio sistema de persignación. Su bendición personal, su dogma. Todos en el fondo somos micro dogmáticos decía Estanislao Zuleta. Yo le agregaría que en política lo difícil es encontrar el adecuado y usarlo de manera correcta.

En el caso de Gaviria, depronto es justamente la bandera de las buenas intenciones la que deba ondear. Una bandera que realmente le pertenece. O la bandera de la inteligencia, de la urgencia perentoria de reformas acertadas. En todo caso, algo habrá que inventarse para quienes no escuchan argumentos. Y esas personas, según mi sesgo, parecen ser bastantes.

Anónimo dijo...

O tal vez el microdogmatismo que consiste en rechazar el macrodogmatismo.

Esplandián dijo...

Excelente.

panÓptiko dijo...

Alejandro,

Me pregunto si la tragedia en política pública habrá existido alguna vez. Me parecen anatema. El estado no tiene su razón de ser sólo en cuanto certeza de protección a los ciudadanos, sino también como chivo expiatorio de sus desgracias. De Leviatán a Supermán no hay ni medio paso en el imaginario colectivo.

Pero desde la visión Kantiana, la tragedia siempre ha estado ahí y es la culpable de los males de política pública. Para Kant toda perdida de la dignidad humana es una tragedia inconmensurable. Hasta la última alma debe ser protegida y no hay lugar a las cuentas que justifiquen el menor sacrificio.

Yo le echaría la culpa a la victoria de la deontología.

Saludos,

Anónimo dijo...

Lo tragico para usted ministro es que le toco escoger de entre varias, una alternativa.Lo comico para el resto es que su alternativa es un reciclaje del mismo modelo que tambien han fabulado muchos de sus defensores para el mundo pobre. Lo tragico para usted ministro es que este nuevo esfuerzo por arreglar las finanzas, que no por instalar un nuevo modelo de atencion de la salud, va a ser un nuevo fracaso.Esto si sera una tragedia para muchos colombianos. Mas dolor y mas sufrimiento.

Anónimo dijo...

¿El anónimo 10:12 si habrá terminado bachillerato? Qué forma tan horrible de escribir!!!!!!!

Esplandián dijo...

Alejandro, de dónde es la cita?

Anónimo dijo...

Creo que la tragedia para Alejandro ha sido pasar de la placidez en el mundo de las ideas y la crítica, al mundo de lo ejecutivo. El hacer implica priorizar sobre los destinos de los otros y en la investigación usted podía decir que luego se ocuparía de uno u otro tema, con el ser humano no. La intervención debe ser inmediata porque la salud y la vida no siempre dan una segunda oportunidad, como si la da lo académico. No es fácil enfrentarse a la realidad, pero si despoja lo moral de lo cotidiano será trágico en la realidad...no olvide que el principio moral es el otro y sin un sujeto, nada existirá. ..ah, pero con un sujeto usted tiene tragedia y a la vez, un objeto de estudio.

Alejandro Gaviria dijo...


No es la mía, es la de todos. Estaba preparado. Siempre me consideré un defensor (orgulloso) del liberalismo trágico. El problema con la política pública en salud es que casi todo el mundo (los médicos en particular) profesa un enfoque normativo que desconoce u obvia las complejidades del cambio social.

Anónimo dijo...

Si y por eso es bueno un equilibrio, no una polarización hacia la ausencia de un enfoque normativo. Finalmente el discurso ético es el que permite pensar nuevas realidades desde el deber ser...no desde la fatalidad de lo posible. Anonima 10:19

Anónimo dijo...

Ministro, que equivocado usted al hacer esa aseveración.basta que lea los tomos escritos por los grandes reformadores de la Salud Publica en Colombia y en el mundo. Podrá ilustrarse sobre el papel de "los médicos "en informarle a la sociedad de su tiempo sobre los factores de la enfermedad y la necesidad de estudiar e intervenir las determinaciones sociales, económicas, culturales que hacen que la enfermedad se produzca. Empiece si le parece con Inglaterra, siga por América Latina, colombianos varios. Ahí le dejo esta tarea mientras trata de aprender a reconocer que usted no tiene la llave de la verdad y que el que se pone en la otra orilla lo debe a poner a pensar y no a obliterar los argumentos. Me parece, que pena! que usted no nos dio la talla que esperábamos.

Anónimo dijo...

El último anónimo (7:19) no entendió nada. La comprensión de lectura en este país es un problema grave.

Anónimo dijo...

Hola, Alejandro: quiero saber de cuál obra de Kundera estás hablando y de qué parte en específico.
Un abrazo de agradecimiento anticipado.

Alejandro Gaviria dijo...

El arte de la novela, en uno de los primeros capítulos.

Saludos.