sábado, marzo 25, 2006

Utopías de choque

Bien parece que muchos de los candidatos a la presidencia saben muchas cosas que nosotros no sabemos. Uno de ellos ha propuesto terminar el conflicto en seis meses. Otro acaba de proponer un plan de choque que, según sus propias predicciones, resolvería el problema del empleo en cuestión de semanas. Otro más promete resolver el problema de la desigualdad “con prisa”. Los candidatos lucen apurados. Impelidos no sólo a plantear soluciones, sino también a fijarse plazos perentorios. Todos, en últimas, parecen enamorados de una u otra utopía de choque.

Pero las soluciones instantáneas no funcionan. Considérese, por ejemplo, las terapias de choque implantadas en la gran mayoría de las ex repúblicas soviéticas. Con un desdén absoluto por lo que existía, sin ningún conocimiento de la historia y la sociedad, los terapistas de choque creyeron que era posible transformar una economía socialista en otra de mercado en cuestión de meses. El gradualismo se desdeñó con metáforas oportunistas. Uno no cruza una quebrada dando pequeños brinquitos, decían. Toca dar el gran salto de una sola vez. El economista Jeffrey Sachs ha descrito con precisión (e ingenuidad) el ambiente intelectual que rodeó el diseño de estos grandes planes de transición hacia el capitalismo. Ministros trasnochados que, en compañía de asesores externos, garabateaban en servilletas arrugadas sus grandes ideas de ingeniería social.

Los resultados fueron previsibles. La economía de Georgia decreció 80% entre 1990 y 1999. La economía de Ukrania cayó 60% durante el mismo período. La economía rusa tuvo un mejor comportamiento: apenas se redujo 40% en los años noventa. Pero la aplicación de las terapias de choque no se ha circunscrito a las economías en transición. Durante las últimas tres décadas, el Fondo Monetario y el Banco Mundial han patrocinado intervenciones similares, especialmente en América Latina y en África, bajo el rótulo de programas de ajuste estructural: esfuerzos reformistas que desdeñan las intervenciones graduales en favor de transformaciones comprehensivas. Pero en últimas, independientemente del rótulo que se le adscriba, la ingeniería social de borrón y cuenta nueva no funciona.

Los créditos de ajuste estructural, por ejemplo, nunca lograron desencadenar esfuerzos reformistas duraderos y sostenibles. Peor aún, la evidencia disponible sugiere que su impacto ha sido negativo: la cura fue peor que la enfermedad. Pero si los programas de ajuste ortodoxos no funcionaron, los heterodoxos tienen una historia aun más accidentada: repleta de fantasías populistas y brotes hiperinflacionarios. En suma, quienes tratan de cruzar la quebrada en un solo salto, siempre resultan ahogándose en el cauce torrentosos de sus buenas intenciones.

Pero el asunto en cuestión no es solamente técnico. Si los candidatos de la oposición pretenden ofrecer una alternativa al mesianismo oficial, al supuesto proyecto histórico de Uribe, deberían, en aras de la consistencia intelectual, tratar de no presentarse ellos mismos como milagreros instantáneos. A no ser que pretendan, unos y otros, convertir la contienda electoral en una puja de mesianismos: cada loco con su utopía. Cabe recurrir, de nuevo, a la lucidez de Nicolás Gómez Dávila con el fin refutar, de un solo tajo, las utopías de choque que plagan la política colombiana por estos días: “La memoria de una civilización está en la continuidad de sus instituciones. La revolución que la interrumpe, destruyéndolas, no le quita a la sociedad un caparazón quitinoso que la paraliza, sino meramente la compele a volver a empezar”.

22 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo. A no ser que uno quiera llamar revolución al cuento ese de Chávez, que lo único que ha hecho es reemplazar una camarilla corrupta por otra más corrupta todavía.

Scared Crow dijo...

Desde el encabezado la nota de Gaviria esta semana me inspira un ligero escozor: Los candidatos saben cosas que "nosotros"'(?) no sabemos; yo no creo, como Gaviria, que el hecho de ser economista y PhD sea una patente de sabiduria y de superioridad rayana con la absoluta inteligencia, pero alla Gaviria y su soberbia, (abro aqui un parentesis para volver un poco sobre el aire asaz infecto que dejan sus ultimos posts en este blog: dos o tres advertencias con sendas citas de gente mas viva que el resto de los mortales y algunas otras "frases" de escritores y pensadores que en su sabiduria creen que el sentir comun "bring in the camp any idiot that sits in the darkness everywhere"; raro es que siga aqui opinando este servidor sin mas credencial que su palabra)
El resto de la nota me parece una mezcla de cinismo y mea culpa: la economia en la antigua URSS se fue a pique por las malas politicas de choque; puede que si, pero era obvio que dichas economias, desde el anuncio de la Perestroika estaban condenadas a una crisis por su condicion historica de miembros de una union de republicas cobijadas bajo la tutela ciega y autoritaria de Moscu, Rusia, valga decirlo, se mantuvo a flote por su condicion de centro politico y economico de la Union.
Lo de America Latina (Colombia) es mas de lo mismo, que si pero que no; Gaviria parece olvidar que han sido gobiernos (y no los candidatos de cualquier tipo) los que han aplicado los dictados del FMI, del Banco Mundial y demas autoridades; y no han sido ni curas guerrilleros ni sindicalistas ni candidatos de la izquierda quienes han aplicado con tanto ahinco dichas politicas, en el resto de America Latina Gaviria olvida a la Argentina que supera, momentaneamente, con un presidente socialista la crisis en que la sumieron el FMI, el gobierno corrupto y derechista de Menem y luego el de Duhalde.
La cita de Gomez Davila es correcta, aunque no deslumbrante como parecen parecerle a Gaviria todos sus escolios; y su confirmacion esta en la mania reestructuradora del actual gobierno que propone hasta remodelar el lenguaje para asi reinventar la realidad; tibia tibia si me parece esta ambigua seguidilla de comentarios contra los proyectos de los candidatos, sobretodo el de izquierda, y el ominoso silencio frente a las politicas actuales (salvo contados pies de pagina) que siguen el mismo camino que Gaviria tanto critica y de las que él mismo ha devengado salario.

Fidel Galván K. dijo...

No hay lógica, ni económica ni política, en las propuestas de los candidatos de oposición. Repárese en la enloquecida actitud del ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo Salazar: dice que "por coherencia" votará por Carlos Gaviria Díaz. Si por coherencia se entiende su odio personal a Uribe, pues vaya y venga. Pero no entiendo esa coherencia de un ex ministro de Hacienda, que según los simplistas se podrí calificar de cuasi neoliberal, adherir al candidato oficial del partido comunista colombiano, el mismo que propugna volver al esquema de control centralizado y estatal de la economía. Explíquenos, señor Juan Camilo Restrepo Salazar, usted que es miembro recién escogido de la Junta Directiva del Bancolombia, qué les dirá a los socios del banco sobre las políticas económicas de Gaviria Díaz cuando proponga socializar o nacionalizar el banco, cuestión que usted apoya, según nos ha notificado. A ver si usted siguiendo las políticas del ex magistrado Carlos Gaviria, renunciará a los multimillonarios honorarios que recibe por las mil asesorías que tiene con la empresa privada, empresa que deberá entregar todos sus rendimientos a la camarilla comunista que asumirá el mando en caso de que gane su candidato (el de usted, Juan Camilo).

Anónimo dijo...

¿Y que dicen del programa utópico de Alvaro Uribe?

Anónimo dijo...

Las columnas de A. Gaviria son por lo general una combinación afortunada de información sólida, manejo original de ideas, pensamiento independiente, y crítico cuando es necesario. Resultado:es un excelente analista de los nuevos de El Espectador.
Sin ánimo polémico, observo que en oportunidades cae en lo que cuestiona de otros analistas.
En su crítica a las opciones trajinadas y lugares comunes, a las "fantasias populistas, milagreros instantáneos, utopias de choque" etc (su columna del pasado domingo, por ejemplo) no plantea en contraste alternativas nuevas, opciones viables y más alentadoras. Como sin duda puede hacerlo quien critica con tanto acierto.De cierto modo,termina en planteamientos escepticos,superficiales, desalentadores. Para quienes no somos fuertes en economía, quisieramos que Gaviria abriera horizontes más amplios y didácticos y esperanzadores. Se saliera también de enfoques por solo dilemas, blanco y negro, o en lo que a veces termina: no es así... pero arregleselas usted como lector como bien pueda!.

Claudia Scognamiglio dijo...

Volviendo al tema de Carlos Gaviria y su propuesta, me gustaría reflexionar un poco.

Casi todos los miembros del Polo, incluido Petro, y muchos columnistas: Helena Alviar en Semana, De la Calle, entre otros, señalan que Gaviria es un liberal,y no solo eso, un liberal Radical.

Por su parte Gaviria se define como un demócrata y critica una y otra vez el talante autoritario de Uribe. Así las cosas, Gaviria vendría a ser un democrata liberal.

Si uno repasa, como lo hizo De la Calle, las sentencias y salvamentos de voto del magistrado, queda claro que Gaviria es un apasionado del individualismo y un defensor de las garantías liberales. Al mismo tiempo, si se revisan sus propuestas políticas se encuentra uno con propuestas que, a la larga, terminarian por convertir a Gaviria en un autocrata anti-liberal.

Por un lado, Gaviria propone modificar el estatus del Banco de la República para que este siga las pautas dictadas por el ejecutivo con el fin de reducir la pobreza y amainar la iniquidad (como le gusta decir a Gaviria). Igualmente plantea generar más empleos, al mismo tiempo que endurece las disposiciones laborales, ¿Como? se pregunta uno, pues Gaviria responde ladinamente, poniendo los recursos tributarios al servicio del empleo. Esto, aunque un poco vago, supone la creación de empleo público al mejor estilo Keynesiano.

En suma, Gaviria propone aumentar el poder del ejecutivo (de el mismo) para controlar la economía y beneficiar así a los mas pobres. Para realizar sus metas Gaviria tendría que convertirse en un cuasi autocrata que determinará donde y como se generan los empleos, tendrá que crear fabricas o puestos burocráticos para satisfacer las promesas de aumento de empleo y al mismo tiempo limitará la posibilidad del sector privado de crecer pues aumentará sus impuestos y creará leyes laborales más rigidas.

Como consecuencia terminariamos con un presidente que pretende cambiar el mercado por sus decisiones propias y al mismo tiempo intenta reducir las libertades económicas a un mínimo.

Es esto un demócrata liberal????

Claudia Scognamiglio dijo...

Mejor dicho, como dice Mises:

The alternative is not plan or no plan. The question is whose planning? Should each member of society plan for himself, or should a benevolent government alone plan for them all? The issue is not automatism versus conscious action; it is autonomous action of each individual versus the exclusive action of the government. It is freedom versus government omnipotence.

Adán dijo...

Que jartera se ha vuelto el blog de Alejandro últimamente, desde que se lo han tomado Jaime Ruiz y la fanfarria de sus seguidores, los Sconatuglios, los Ordosgoitia, los Anonymous, con el mismo pensamiento ruisiano; parecen ser todos la misma voz con faltas de ortografía para disimular su procedencia, monotemáticos, protagonizando a destiempo la fábula del niño que anuncia falsa y repetidamente la aparición del lobo: “Ahí viene Gaviria, cuidado, no ha rechazado al Partido Comunista, y el Partido Comunista no ha negado la combinación de las formas de lucha, y las FARC usan la forma más violenta, luego Gaviria simpatiza con las FARC” ¡Fuiuuuu! Agotador el raciocinio. O el argumento de ahora, que Gaviria sería (por lo menos usan el condicional) un autócrata anti-liberal porque en una de sus sentencias una vez dijo… ¡Tan bobos!

La verdad es que envanecerse por un supuesto triunfo en las elecciones (fue después de ellas que salieron, como cucarachas después del holocausto) es a mi juicio, bastante pobre. Tener la mayoría de un congreso conformada por ese tipo de individuos debe ser tan triste como ganarle a Inglaterra con un gol con la mano. Tendrán final a lo Maradona. Y por si las moscas, a los intereses de la oposición le convienen los comentarios que se hagan sobre ellos, buenos o malos. Que se les mencione, aunque sea mal, pero que se les nombre.

Pereza da también la cantidad de citas, todos hacen alguna. Que Mises, que Twain, que Rothbard, que Hayek, cuando todos sabemos que citas y adagios hay para todo, en la dirección que uno quiera. “Al que madruga Dios le ayuda” o “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Provincianísimo lo de estar alardeando de erudito con el diccionario de quotes al lado. Mejor dicho, “Ich gedenken tagen in diese lande zu verweilen…”. Poner las cosas del tamaño de “freedom versus government omnipotence” es una idiotez.

Sin embargo aparte del prurito de citar, las nociones propuestas por nuestro anfitrión se me hacen valederas para una discusión seria y oportuna. Enunciar unas premisas iniciales de índoles filosóficas o económicas, la de la implantación de un verdadero estado social de derecho y la de la función social de la propiedad, se me hace conveniente, se compartan o no, yendo más allá de la simple promesa vacua de vencer la corrupción o acabar hasta con la última mata de coca en tantos meses, especulando con resultados imposibles en plazos definidos. Que sea necesaria una labor continuada, ¡perfecto! Pero, ¿cuál labor? ¿La de regresar a la fusión Estado-Iglesia? ¿La de la contra-reforma agraria? ¿La de eximir de cargas impositivas a la tierra? ¿Al capital? Debemos construir consenso acerca de las soluciones de los problemas estructurales y dirigirnos rápido a ello. No es privatizando y dejando todo en manos del mercado que superaremos el subdesarrollo. Es allí donde deben intervenir los tecnócratas. Conceptuando sobre qué métodos favorecen los distintos estratos socioeconómicos de forma equilibrada, no sobre cuáles estrategias empresariales son susceptibles de rendir mayor beneficio y rentabilidad. El eterno dilema de ganancia versus justicia.

Anónimo dijo...

Oiga, señor columnista, aprenda a escribir. El país cuya capital es Kiev se escribe UCRANIA, con C.

En aras de la consistencia intelectual está mal escrito. Debió escribir coherencia intelectual. Definitivamente el PhD le hizo olvidar el castellano.

Sobre este último error los remito al único blog decente que tiene J. R.

Alejandro Gaviria dijo...

Si escribir fuera simplemente cuestión de etiqueta, hasta le daría la razón al usuario anónimo. Por mi parte, yo seguiré feliz y tranquilo con mis anglicismos.

Jaime Ruiz dijo...

Hay algo de los doctores colombianos que me parece que los define, que no es el mamertismo sino lo que psíquicamente determina el mamertismo, y es lo que yo llamo "el estilo declarativo". El tipo de argumentación que se usa para cada cosa es la declaración suficiente: ejemplo patético y deprimente es la deposición de Adán: ¿qué argumentos demuestran que no es dejando la economía en manos del mercado como se desarrolla un país? Que el que piense otra cosa se lo trata de loco. Eso sólo es proyección del fondo de la sociedad: al que piense distinto se lo manda matar.

Bueno, son todos, no hay argumentos sino adjetivos y desdenes: "¡qué jartera que existan ustedes que no piensan como yo!". La retórica más propiamente fariana, como "la función social de la propiedad", o las propuestas más devaluadas para cualquiera que lea la prensa, como lo de acabar con la flexibilidad laboral, redirigir el BR y volver a la planificación central, se vuelven dogmas de fe y al que piense distinto se lo descalifica con un mohín o un adjetivo.

Es porque los diplomas sólo son la máscara de un orden más profundo, que es puro matonismo. Por eso la impaciencia con cualquiera que no recite la misma retórica, que en última instancia es el único sustento del terrorismo.

/|- dijo...

En aras de la convivencia pacífica: lo que molesta no es que citen, sino que citen en inglés y no traduzcan. A veces es bueno recordar que la mayoría de los usuarios son, sencillamente, colombianos.

Contribución a la paz dijo...

Si lograr la convivencia pacífica es así de fácil, aquí va la traducción:
"La alternativa no es planear o no planear. La pregunta es quién se encarga de la planeación. Debería cada miembro de la sociedad planear por sí mismo? O le corresponderá a un gobierno [Estado] benévolo planear él solo por todos los demás. No se trata de un asunto de automatismo versus acción consciente; se trata de la acción autónoma de cada individuo versus la acción exclusiva del gobierno [Estado]. El asunto es de libertad versus omnipotencia gubernamental". (Nota: Ser colombiano no lo libera a uno de la necesidad imperiosa de aprender otros idiomas en este mundo globalizado de hoy, para ser competitivo. Ahora tocará aprender mandarín, cantonés o los dos).

Adán dijo...

Venga, Don Jaime, le voy a explicar:

Si me pasara el texto de Carlos Gaviria acerca de la “redirección” del Banco de la República para volver a la “planificación central”; si me contara cuáles son los puntos en los que modificaría Gaviria la “flexibilidad laboral” hasta “acabarla”, o si lo que plantea es un debate profundísimo donde intentemos resolver de una vez y para siempre el dilema entre mercado libre e intervencionismo estatal, está bien. En ese caso yo le cedería la palabra a Urrutia y a Kalmanovitz; a las autoridades en derecho laboral y a los sindicalistas, a las gremios de empleadores y a las asociaciones de trabajadores; buscaría documentación en Keynes, Mises y en sus contradictores, investigaría a fondo el desarrollo económico de distintos modelos, cotejaría los resultados de las variados grados y formas de intervencionismo, pero no es el caso. No solo que es un debate de expertos y fuera de contexto, sino que, y es el punto, que siendo testigos de eventos realmente graves, de políticas nocivas que están siendo aplicadas ya, aquí y ahora, viviendo historias de indelicadezas y abusos, de despojos e infamias, enfoquemos la atención sobre propuestas ajenas, tergiversándolas, satanizándolas. Políticas que además serían aplicadas bajo circunstancias bastante poco probables. Eso es en parte, lo aburrido de sus propuestas, el propósito de esconder, de desviar.

A eso me refiero. Me incomoda la satanización que intentan hacer de Carlos Gaviria, (hecha en “estilo declarativo”, por demás, y a quien no quiero defender: él lo hace solo), evidencia la intención de distraer y desviar el debate que debiera existir ante la gravedad coyuntural.

Y acerca de las citas aclaro que la mía, la que parece ser en alemán, es una frase que aprendí de memoria hace muchos años, sacada de un manualito de esos diseñados para que los absolutamente ignorantes de una lengua, intenten desvararse la primera vez que pisen el suelo que produjo ese idioma. Debe estar mal escrita y su significación, por supuesto, no tiene nada que ver con la discusión. Pues con ella gané el doctorado que me atribuye Jaime Ruiz, como se dice en caribe, de rapidez. A menos que Don Jaime esté recordando lo del chiste aquel.

Adán dijo...

Y en cuanto a lo que dice el contribuidor para la paz, estoy perfectamente de acuerdo:
si no queremos quedarnos atrás en este mundo globalizado, debiéramos entender que no basta ya con el español y el inglés. Hay que proponerse hablar alguna de las lenguas centroeuropeas y al menos, el mandarín y el cantonés. Si no, despídanse. (Claro, aquí entre nos, yo me sentiría muy satisfecho si pudiera, por lo menos, asegurarle a mi tío Rufino, el pensionado, los tres golpes entre los 23 y los 30 de cada mes).

Claudia Scognamiglio dijo...

S. A algunos gobiernos de izquierda se les tilda de populistas…
C.G. Yo traigo propuestas concretas. Le diré sólo cuatro: Derogación de la flexibilización laboral, permitir que en dos años haya cobertura social de salud con equidad, convocar a consulta popular para el TLC y servicios públicos para las personas de menores recursos.

Sobre lo del Banco:

Para la construcción de un Estado democrático e independiente consideramos imperioso restablecer la soberanía monetaria, cambiaria y crediticia, mediante una reforma constitucional que permita el control social sobre el Banco de la República, las decisiones acerca del precio del dinero y la recuperación del control de cambios

Claudia Scognamiglio dijo...

Y mire señor Adan como el candidato Gaviria le hace gambetas a las preguntas:

S. Pero el problema es cumplir con la expectativa de generar el empleo, de bajar las tarifas de los servicios públicos….
C. G. Hay que hacerlo. Ya que toca el tema de los servicios públicos, la privatización está llevando a que sean impagables para las personas de escasos recursos. Hay que impedir la privatización del agua porque es un bien esencial y existe derecho de todos al goce y uso de la misma. En Colombia marchamos hacia la privatización de manera similar a como ocurre en Bolivia. ¿Cómo más?, poniéndole un techo a las tarifas de los servicios públicos.

Alcontrario dijo...

Gracias Claudia por citar las declaraciones de Carlos Gaviria. No había leído la de los servicios públicos. Entonces muy bien: volvamos a hacer públicas las empresas. ¿Recuerdan la EDIS? Ajá, llenemos otra vez de basuras las calles. Tendremos estiércol hasta en la entrada de la casa, pero también a miles de sindicalistas felices con cargo público, recuperando la "soberanía" en las servicios públicos, ¡qué maravilla!

Privaticemos el agua, y el acueducto. Tendremos agua con lodo, tuberías colapsadas, o rotas, pero ciento cincuenta mil funcionarios públicos reivindicando la soberanía colombiana de los recuroso hídricos, ¡¡¡aleluya!!!

Recuperemos la telefonía para el sector público. No podremos comunicarnos ni con Chía, pero tendremos a los hijos de los sindicalistas del teléfono estudiando en Harvard por cuenta nuestra, ¡eso, que estudien para que manejen el país y nos devuelvan la soberanía!

No sé, pero alguien debía hacer la obra de caridad de explicarles a estos candidatos despistados que la peor forma de privatización de las empresas públicas es dejar su dominio en manos de sindicatos abusivos y omnipotentes.

Claudia Scognamiglio dijo...

Y el dueño del Blog no volvío a aparecer

Alcontrario dijo...

Obviamente tuve un lapsus, que corrijo:

"NO privaticemos el agua, y el acueducto. Tendremos agua con lodo, tuberías colapsadas, o rotas, pero ciento cincuenta mil funcionarios públicos reivindicando la soberanía colombiana de los recuroso hídricos, ¡¡¡aleluya!!!"

Adán dijo...

Muy buena Doña Claudia, con el copy-paste, pero creo que desnaturaliza lo dicho por el señor Gaviria. Aun así, está en su derecho de concordar o no con él. ¡No faltaba más! Pero no encuentro en parte alguna de la entrevista, nada amenazante. Si acaso, un tufillo de lo que Alejandro llamaba “milagrería instantánea”, el vaho de la oferta sometida a plazos perentorios, que, concuerdo, le quita coherencia intelectual a los pobres individuos montados en el potro cerrero de la carrera por el poder.

Otra cosa es pintarlo de “autócrata anti-liberal” (¡Corran! ¡El demoño rojo!), o afirmar que “Gaviria propone aumentar el poder del ejecutivo”. Falso. No dice eso. “Tendría que convertirse en cuasi-autócrata”. Imaginaciones suyas. “Limitará la posibilidad del sector privado de crecer pues aumentará sus impuestos y creará leyes laborales más rígidas”. Sí, algo así dice. Y está en su derecho. ¿No le parece excesivo el CPE, que tiene a París en llamas? Y vuelvo a decir: Plantear el problema entre ser gobernados exclusivamente por las leyes del mercado o por una autocracia, es un dilema idiota. El punto esta más o menos en el medio.

Jaime Ruiz dijo...

Bueno, lo de Carlos Gaviria es un completo desagravio de todas las injusticias que han podido sufrir los colombianos: fin del desempleo, de la flexibilidad laboral, de los bajos salarios y de la escasez de servicios públicos. Yo creo que hace falta una condición moral especial para proponer cosas tantas cosas tan imprescindibles. Y sobre todo tan fundamentadas en la concepción del Estado Social de Derecho.

Pero ¿qué importaría? La propuesta de una solución "justa" al conflicto armado puede ser más encantadora, y sinceramente recomiendo al interesado en el personaje prestar atención a eso, pues a fin de cuentas se puede hacer aún más inflexible la contratación y favorecer con eso a los ya contratados, cosechando su apoyo. ¿O no ocurrió algo parecido cuando el referendo planteaba congelar los salarios de los empleados estatales? ¿Y qué decir de las pensiones de más de 25 salarios mínimos?

Votar por Carlos Gaviria es votar por la guerra civil, no llegará de ninguna manera a los dos millones de votos, pero un solo millón significa una gran legitimación para las FARC.