sábado, enero 28, 2006

El feminismo en la práctica

Quisiera comenzar esta columna con una extensa cita extractada de una entrevista concedida por la escritora inglesa Doris Lessing al diario francés Libération y reproducida por la revista colombiana Arcadia. “Un día, en una escuela primaria, le escuche a una profesora decirle a un grupo de muchachos: ‘¡Todo es su culpa!’ un pequeño se puso a llorar. Todo aquello me pareció espantoso. Nunca me gustó el feminismo, ni en los años sesenta y setenta, ni ahora. Siempre detesté ese lado antihombres de esas muchachas de izquierda que odiaban a los tipos, al matrimonio y a los hijos. Eso es una tontería y una pérdida tiempo”. La señora Lessing habla con el privilegio que le otorga su prestigio literario y con la autoridad que le concede haber sido considerada por largo tiempo un icono del feminismo. Sus juicios no son sólo polémicos (tienen la urgencia de la sinceridad reprimida), sino también oportunos (tienen la cualidad de la denuncia relevante).

Si el comportamiento denunciado por Lessing fuera simplemente una tontería más de las muchas que tiene el mundo, o si el feminismo radical fuera otro más de los tantos discursos exaltados (una forma adicional de contaminación retórica), no valdría la pena escribir esta columna: son tantas nuestros debates inútiles que no tiene sentido entrometernos en uno nuevo. Pero el asunto relevante es que el feminismo puede tener efectos adversos sobre la educación y el desarrollo personal de niños y jóvenes. Así lo muestra, por ejemplo, un extenso reportaje publicado esta semana por la revista Newsweek. En los Estados Unidos, argumenta el reportaje de marras, los niños experimentan cada vez mayores problemas de adaptación y rendimiento escolar, mientras los docentes continúan prestando mayor atención a las niñas y aplicando los modelos pedagógicos adoptados varias décadas atrás cuando el énfasis feminista tenía, al menos, un sentido reivindicatorio. “El comportamiento femenino se convirtió en el patrón oro”, dice uno los expertos citados por Newsweek. “Los muchachos son tratados como niñas defectuosas”.

Pero los excesos feministas no están circunscritos a la escuela secundaria. Hace algunos meses, Peggy Drexler, una investigadora de la Universidad de Cornell, publicó un libro titulado Raising boys without men (“Criando hijos sin hombres”), en el cual presenta su peculiar argumento acerca de la irrelevancia de los padres. Los miles de estudios que, al menos para el caso de los Estados Unidos, llaman la atención sobre las consecuencias desastrosas de la ausencia del padre son ignorados con desfachatez feminista por la señora Drexler. Pero a pesar de su evidente falsedad, este tipo de argumentos pueden ser usados (ya lo han sido) para justificar políticas públicas e iniciativas privadas que ignoran o incentiven el rompimiento de las familias y la alineación de los padres. Peggy Drexler, podría uno suponer, estaría dispuesta a argumentar que los beneficios de una mujer empoderada superan creces los costos de un padre ausente.

La tesis sobre la irrelevancia de los padres podría explicar también la reticencia de muchos jueces de familia a otorgan custodias compartidas o su misma propensión a restringir las derechos de visita de los papás. Han sido tantos los excesos feministas al respecto que tendría sentido (como se discute actualmente en los Estados Unidos) restringir la autonomía de los jueces de familia y prescribir las custodias compartidas desde la misma legislación.

No es fácil discutir las consecuencias adversas del feminismo. Este tipo de dicción contradice la etiqueta de la época. Sólo queda repetir, a manera de defensa, la exhortación de Doris Lessing: “es tiempo ya de que los hombres contraataquen”.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

“Los muchachos son tratados como niñas defectuosas”.
Voy a decir una obviedad, y es que hace casi medio siglo, la queja de las precursoras del feminismo era esa misma pero al revés:"las niñas somo tratadas como varones defectuosos". Eso, si bien nos iba. Pero el punto que quiero destacar realmente tiene que ver con el "paradigna de la venganza" que se puso en boga durante la era de las reivindicaciones feministas, y que nos condujo a lograr "que la tortilla se vueva", como rezaba aquella canción de protesta de la época, es decir "que las niñas coman pan, y los varones mierda (parodiando lo de pobres y ricos). Y eso, francamente, está teniendo consecuencias nefastas en los niños, en su identidad, en la manera como se perciben. Y por eso ahora como que se esconden, se camuflan: viven agobiados, confundidos, debilitados. Pero llegará el momento en que las actuales "devoradoras", las "dominadoras" se agoten de su falso papel de amazonas de feria, y terminen clamando, a lo Isabella Santodomingo, que "prefieren ser mantenidas". Así que ahí va otra "revolución" totalmente desperdiciada. Qué pena, che, como dirían los argentinos.

/|- dijo...

No estoy seguro de entender totalmente pero, no podríamos simplemente reiterar que, como dicen las mamás, cualquier extremo es vicioso?

En todo caso, bienvenido también... qué bueno sería que todos los columnistas abrieran este espacio!

Jaime Ruiz dijo...
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Jaime Ruiz dijo...

Excelente idea abrir este blog que honra a la Blogosfera colombiana, y excelentes los dos artículos publicados aunque a mí me gustó más el de la pobreza rural, y no es que sea propiamente antiuribista.

Lo que me parece a mí del feminismo, más allá de lo consignado en este artículo, es que plantea una serie de reivindicaciones igualitarias que en Colombia están lejísimos de alcanzarse. Ya considerando el discurso tal como se presenta en el primer mundo, encuentro sólo un "motivo" del vastísimo repertorio identitario de la izquierda moderna. ¿No sería más interesante examinar el conjunto de esa ideología? Por ejemplo, esas mismas personas aplauden a Evo Morales, para quien el terrorista es Bush, y echan tierra sobre hechos tan enternecedores como la queja de Chávez contra el dominio de los asesinos de Cristo. El que se intente imponer la excepción como la norma (en el caso del feminismo) es apenas típico, no se trata de las mujeres, sino que éstas son una clientela potencial del negocio de la reivindicación (junto con los homosexuales, los inmigrantes, los diferentes y en general todos los que puedan organizarse en grupo de presión).

Perdón por extenderme tanto: lo que me parece es que ese proyecto de reeducación es sólo una formulación de un proyecto totalitario y nihilista que está tácito en ese discurso. El consejo de sabios decide que ha habido demasiado protagonismo del modelo masculino y apremia para que las personas se puedan moldear según un concepto más elevado y equitativo... ¿No les suena algo como conocido, como la pasión colombiana de luchar contra la pobreza?

Hoppy Nador dijo...

El doctor Alejandro Gaviria es uno de los columnistas más brillantes, sensatos y lúcidos del generalmente gris panorama de periodismo de opinión en Colombia. Y su hermano Pascual, que escribe los viernes en El Colombiano de Medellín, es sencillamente genial. Qué bueno poder leer a alguien inteligente en la prensa colombiana, y sobretodo, que escriba bien y plasme sus ideas con claridad. Seguiré muy pendiente de sus siempre interesantes columnas y de los importantes temas que siempre pone de actualidad para el debate.

Freddy dijo...

Antes que nada, me alegro que Alejandro G. abra este blog, sabiendo las ocupaciones de él, espero le quede suficiente tiempo para que sea algo interactivo.

Sobre el feminismo radical del que habla esta columna, estoy de acuerdo con que cualquier extremo es vicioso. Ni ser machista recalcitrante ni feminista odia hombres es la solución. Pienso que debe ser más una igualdad en derechos con un reconocimiento mutuo de las diferencias naturales de género las que deben guiar un mutuo acuerdo para vivir mejor.

ana dijo...

El feminismo para mi tiene un efecto social importante, porque definitivamente la mama es quien modela la estructura de una familia (sin que esto implique que la tesis de que los papas son poco utiles sea cierta en lo mas minimo). Sin tener un estudio que soporte la siguiente afirmación puedo decir sin sonrojarme, que los niños que tienen una mamá que se dedica casi de lleno a esa labor, tienen menos problemas y casi nunca son descritos camo "chinos malcriados" . Sin embargo, pocas mujeres queremos casarnos y dejar de lado los primeros años de nuestra vida profesional para dedicarnos a las labores domésticas. Es ahí en donde el feminissmo representa un enorme reto, ya que las mujeres tenemos grandes aspiraciones profesionales y por lo tanto la raza de las amas de casa esta en vías de extinción

Sandra dijo...

Alejandro: creo que se están metiendo en un mismo costal cosas que son distintas: antifeminismo, rendimiento escolar de niños e irrelevancia de los padres. Claro, el hilo conductor son los "excesos del feminismo", y con esa expresión detecto un tufillo de "desprecio" que permea todo el artículo. Considero que es una generalización peligrosa.

No voy a entrar en una defensa del feminismo a ultranza por que no me corresponde ni me interesa. Creo que el prototipo feminista que describe Lessing en la cita (y con el cual ud parece estar de acuerdo) está mandado a recoger y es una caricatura que no describe adecuadamente la realidad del "gender gap". Tal vez no nos gusta pensar que incluso hoy, en el siglo XXI, existe el machismo y una realidad social que discrimina a las mujeres en ciertos escenarios y situaciones. Ser feminista, reconocer que las diferencias sociales existen y que las mujeres tienen una experiencia fundamentalmente diferente a la de los hombres en ciertos espacios no debería ser pecado. No significa tampoco que quienes lo reconocemos odiemos a los hombres, el matrimonio y los hijos. Es una asociación perversa, un prototipo al que yo (personalmente) como mujer no me quiero ascribir, ni quiero que se me endilgue. La cosa no es por ahí. Excesos los hay, y estamos de acuerdo en que la tesis de la "irrelevancia de los padres" , por ejemplo, es una cosa complicada. Pero no mezclemos las cosas. No simplifiquemos.

Yo (también) tengo mis dificultades con el término feminismo, seguro que por la carga negativa que en parte se merece y en parte se ganó, desde la década de los 70s. Pero de ahí a que el feminismo tenga la culpa de los problemas en el sistema educativo y en el desarrollo de los niños...PUFFF!!! No será más bien que las dificultades provienen de problemas estructurales mas amplios? Tal vez también afecten a las niñas, solo que distinto. En fin, no soy una experta en pedagogía, no me siento con autoridad para pontificar.

Me parece preocupante que un hombre como ud concluya este artículo (peligrosa colcha de retazos) con un llamado al "contraataque".

CUAL ATAQUE? Ese es a mi juicio, parte del problema con el feminismo: que algunas lo entendieron como una batalla campal, a muerte, de aniquilación, y que así fue recibido por los hombres. Reconozco que de no haber sido así, muchas cosas no habrían cambiado. Pero esta parece ser una época en que estamos llamados a plantearnos los debates en otros términos, lejos de las peleas, las artimañas y el comportamiento defensivo, empezando por reconocer que no los hemos agotado. Abra el debate, me parece valido, pero pilas con los términos. Las mujeres de su vida, sus alumnas, y las que no respondemos a los prototipos mañidos de ninguno de los dos extremos nos merecemos eso, por lo menos.

Sandra dijo...

pd: y sus alumnOs, también.

Olvidé decir que este blog me parece un interesante experimento y que celebro la iniciativa. Ojalá dure y sea un espacio de debate respetuoso.
Suerte.

Alejandro Gaviria dijo...

Sandra:

Muchas gracias por su opinión. Estoy de acuerdo con su crítica de forma (la columna es una colcha de retazos), también coincido con sus punto de fondo (el feminismo no el culpable de los muchos problemas educativos y sociales). Pero, creo, que Ud. estaría dispuesta a aceptar: (i) que las vulnerabilidades masculinas han crecido sustancialmente, (ii) que el feminismo excesivo puede ser perjudicial habida cuenta de las nuevas circunstancias.

La columna tenía un tono indignado: quizás motivado por mi lectura del libro de Drexler. Quizás fue la sobre-reacción ante una posición extrema. Pero, bueno, estoy dispuesto a continuar el debate…

Yolanda Rincón dijo...

Otra forma de ver la reiteración de la tesis de la escritora es la de ignorar un hecho que esta pasando en toda la sociedad colombiana. Son nuevas realidades y por supuesto hay un cierto temor a interpretarlas y leerlas, se cae en sin sentidos al interpretar la realidad através de las categorías comunes de narcotrafico, patrón, mafia, matones, etc. Se pretende cambiar la realidad mediante las propias lecturas, pero al no haber cambio alguno sólo queda la reiteración en coro.
¿Además semejantes opiniones no son un insulto al trabajo suyo y de muchos otros? ¿Queda el columnista-investigador herido?

Sandra dijo...

Alejandro:

Gracias por responder. Van algunas notas sueltas sobre su comentario.
Pero, creo, que Ud. estaría dispuesta a aceptar: (i) que las vulnerabilidades masculinas han crecido sustancialmente

A mi me gustaría saber que entiende ud por "vulnerabilidades masculinas", para estar segura de no estar interpretando esto mal -- pero además por que me interesa realmente oírlo. Se me ocurre lo siguiente: Reconozco que, efectivamente, el escenario es otro para los hombres. Pero, creo que no para todos los hombres, no para todas las mujeres. Sin duda alguna es otro para los hombres de su generación y de la mía..."cosmopolitas", occidentales, con cierto nivel educativo--por así decirlo. (En este momento no se me ocurren términos más adecuados, espero que entienda lo que quiero decir) Si, es cierto: creo que uds están teniendo que lidiar con muchas cosas, cambios con los que ni nosotras sabemos qué hacer. Pero no tengo sino que preguntarle a la sra que viene a hacer el aseo a mi casa sobre su esposo para entrar en otra dimensión. Pero bueno, ud podría decirme que eso es hilar muy fino. Entonces, regresando a lo más general, lo del nuevo escenario/crecimiento de las vulnerabilidades masculinas, me parece bien reconocerlo, muy importante. Y me quito el sombrero cuando oigo a un hombre decirlo. Eso me hace pensar que tal vez el debate sea más fructífero si
1. arranca reconociendo ese nuevo escenario, pero no echandole el agua sucia al feminismo, y
2. haciendo algunas precisiones.
Eso signfica que encontramos un punto de acuerdo.

Esto me recuerda otra cosa que no me cuadró de la columna (hilando fino de nuevo): extrapolar así de plumazo conclusiones que aplican a EU --al sistema educativo de EU-- a nuestro espacio, especialmente en temas como ese, donde somos tan diferentes. Las diferencias que nos separan a nosotros (como cultura "latina") de la de EU en género son inmensas.

(ii) que el feminismo excesivo puede ser perjudicial habida cuenta de las nuevas circunstancias.

Y contraproducente.

Lo que yo esperaría que ud estuviera dispuesto a aceptar en este punto es que esos dos puntos que me propone debatir son bien diferentes al punto de partida y al de llegada de su columna. (Lástima que esa haya sido leída por miles y esto por muchos menos; en fin) Huelen, se sienten, se leen, se interpretan diferente. Por su último comentario me parece que lo está. Y así las cosas ambos salimos con algo de este intercambio.
Suerte.